De musulmán egipcio a defensor de Israel

19/Feb/2018

aishlatino.com, por Ronda Robinson

De musulmán egipcio a defensor de Israel

Hussein Aboubakr Mansour, de 27 años de edad, nació
en una familia de banqueros de El Cairo, Egipto. En la actualidad, es un
autoproclamado sionista. Él sufrió una tortura brutal en su tierra patria antes
de recibir asilo político en los Estados Unidos en el año 2012, dejando atrás
todo lo que conocía.
Todo comenzó en la adolescencia, al buscar más
información sobre el súper villano que había aprendido a odiar: los judíos.
La familia de Hussein se alegró con la noticia de
los ataques a las Torres Gemelas. En su opinión, los infieles estaban siendo
castigados.
“Todos recibimos la narrativa de quiénes somos. El
cuento que yo recibí era que yo era miembro del mejor país del mundo. Todo lo
que no era resultado directo de nuestra cultura, era inferior”, explicó Mansour
a una audiencia absorta en la Congregación Beit Iaakov de Atlanta, en una
charla patrocinada por StandWithUs. “Nuestros principales enemigos eran los
infieles de Occidente, que querían apoderarse de nuestros recursos”.
Con el ataque a las Torres Gemelas, por ejemplo, su
familia de clase media se alegró y llamaron a sus amigos para que encendieran
el televisor. En su opinión, los infieles estaban siendo castigados.
El antagonista principal en este cuento era Israel.
Para entender al enemigo y “decodificar el plan malvado de los judíos para
arruinar nuestro país y nuestra civilización”, Mansour, un joven sumamente
intelectual pero con escasas habilidades sociales, decidió aprender hebreo por
Internet. Para hacerlo, primero debió aprender inglés. En el camino, pasó algo
interesante. Cuanto más aprendía, más se cuestionaba la historia que le habían
enseñado.
Los relatos de primera mano que leyó contaban algo
diferente sobre los judíos y su historia. Por ejemplo, se sorprendió al
descubrir que los judíos eran nativos de Medio Oriente. La historia que
encontró, sobre una minoría odiada y perseguida que todo el mundo deseaba
asesinar cuando se presentara la primera oportunidad, contrastaba con el cuento
del demoníaco súper judío.
“La mayor sorpresa fue cuando comencé a examinar de
cerca a Israel como una cultura”, cuenta. “En Israel hay un estándar aceptado
de decencia humana. Para mi sorpresa, descubrí que los judíos tienen un
estándar de tolerancia mucho más elevado, y que su objetivo no es matar a los
árabes tal como los árabes se enfocan en matar a los judíos. Esta inmensa
diferencia moral me abrió los ojos”.
Hussein en California.
Motivado por la curiosidad, Mansour descubrió un
recurso en su propio hogar: el Centro Académico Israelí de El Cairo, producto del
acuerdo de Camp David de 1978, entre Israel y Egipto. Allí, Mansour tuvo la
oportunidad de hablar con alguien en hebreo. Comenzó con el primer judío que
encontró en su vida: el guardia de seguridad del centro.
Como un niño en una juguetería, el egipcio de 19
años devoró historietas y novelas en hebreo, al tiempo que violaba el tabú
cultural al visitar un lugar habitado por judíos e israelíes.
Un día, cuando Mansour partía del centro alguien
dijo su nombre. Era un oficial de seguridad del estado. “Tu profesor debería
haberte dicho que todos los egipcios tienen prohibida la entrada a este lugar”,
le dijo el policía con tono amenazador.
A la semana siguiente, la misión diplomática
israelí llamó para invitar a Mansour a ver una película en hebreo. Minutos después,
Mansour recibió otra llamada de un número restringido. Era un oficial de
seguridad del estado. “¿Por qué los israelíes llaman a tu teléfono? Eres de una
familia de banqueros. Deberías estudiar para ser banquero”.
Mansour cuenta que a pesar de que no estaba
haciendo nada ilegal, su teléfono fue intervenido. De todos modos siguió
estudiando hebreo y desarrollando su talento natural para los idiomas.
Cada vez que escribía algo que no le gustaba al
departamento de seguridad estatal, venían a arrestarme.
Un periódico israelí lo entrevistó y el
departamento de seguridad del estado lo volvió a amenazar. Su familia
intervino, y él prometió abandonar sus estudios de hebreo, Israel y judaísmo.
Pero a pesar de ser miembro de la mayoría musulmana en Egipto, se había
despertado su interés por el otro bando. También comenzó a prestar atención a
la persecución que sufrían en su país los cristianos, y cómo sus iglesias eran
incendiadas. Comenzó un blog sobre antisemitismo y el trato a los cristianos y
a las mujeres musulmanas.
Eventualmente, la familia lo desheredó por
apóstata. Se alejó de la religión porque consideró que era una herramienta de
control.
“Cada vez que escribía algo que no le gustaba al
departamento de seguridad estatal, venían a arrestarme. Prometí detenerme”,
dice. “Me pusieron en una prisión militar y me torturaron, me desnudaron, me
golpearon con cinturones y me llamaron ‘amante de los judíos’. No hubo juicio,
juez ni abogado. Fue la peor época de mi vida”.
El 26 de diciembre del 2010, lo liberaron de
prisión. Un mes después, comenzó la revolución que llevó al derrocamiento del
presidente egipcio. Mansour sintió esperanzas. Pero cuando los Hermanos
Musulmanes asumieron el poder, los ataques a las minorías empeoraron y,
nuevamente, comenzó a ser arrestado por escribir sobre su esperanza de paz con
los israelíes.
“Si hubiera estado en Israel, no me hubiesen
llevado a prisión por enviarle un email a la persona equivocada”, le dijo a la
audiencia. “Es el único país decente en Medio Oriente, que les ofrece a los
humanos una vida de respeto y decencia. Esa diferencia moral es lo que me hace
apoyar a Israel”.
Hussein habla con un grupo en representación de
StandWithUs.
Mansour se las ingenió para conseguir una visa para
los Estados Unidos y desde el 2012 vive en California. En la actualidad se
dedica a enseñar hebreo, a educar a las personas sobre Israel y a ayudar a los
estudiantes a luchar contra el antisemitismo en los campos universitarios a
través de la organización proisraelí StandWithUs.
Mansour escribió: “Nací árabe, sé lo violentos,
repletos de odio, intolerantes y agresivos que son los árabes. Por ello, apoyo
el derecho de la gente libre de Israel a tener su propio país independiente.
Apoyo al hombre civilizado en contra del salvaje, apoyo la honestidad y no la
deshonestidad, apoyo la vida y no la muerte, apoyo la libertad y no la
esclavitud, apoyo la inteligencia y no la estupidez, apoyo el racionalismo y no
el terrorismo. Por eso, mi querido lector, apoyo a Israel”.